Vivienda

Cómo ahorrar dinero en la factura de la luz y el gas

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Escrito por mariamoca

En este post no te vamos a hablar de bombillas de bajo consumo ni de apagar electrodomésticos, sino de las grandes diferencias de precio que puede haber en función de qué compañía nos suministre la luz y el gas y la modalidad de contrato que tengamos a nuestro nombre.

Cuánto pagamos de luz y de gas es algo de lo que muchas veces no nos preocupamos demasiado. Bien porque tenemos planeada una estancia más bien corta o bien porque damos por sentado que, como sucede en España, hay más bien poco que podamos hacer.

Pues, no: las diferencias con España en cuanto a facturación de energía son muchas y hay algunas cosas que te conviene saber porque pueden ahorrarte unas cuantas libras al año.

Elegir una compañía

Esta es quizás la mayor y más importante diferencia entre el sector energético en UK y el de España. Aunque el número de compañías que operan en el mercado sigue siendo relativamente reducido, su número es mucho mayor que en España y la situación de oligopolio es menos evidente.

¿Qué es eso de oligopolio? Pues lo que sucede cuando un sector está controlado por 3 o 4 grandes compañías casi en exclusiva: que se ponen de acuerdo entre ellas para no hacerse competencia, todas cobran lo mismo y así no bajan los precios. Es lo que pasa en España con la energía, los carburantes, internet, la telefonía móvil, etc… ¿Te suena?

Aquí no hay diferencias de precio tan grandes como cabría esperar de un mercado con libre competencia real pero, al menos, las hay. Así que puede merecer la pena plantearse con qué compañía contratar estos servicios.

¿Cuál es la mejor? ¿Cuánta diferencia hay? La respuesta depende mucho de lo que tengas contratado actualmente. Para hacerte una idea de todas las posibilidades que están disponibles y si te merece la pena el cambio, lo mejor es que recurras a alguna página de comparativas como Uswitch o Comparethemarket.com. Hay muchas más, pero en ninguna de estas dos es necesario registrarse para obtener los cálculos.

Si te decides a hacer la prueba, aquí van algunos consejos:

  • Si en casa usas tanto electricidad como gas, es más barato tener ambas cosas con el mismo proveedor que con dos compañías diferentes
  • Ten a mano tus últimas facturas para poder especificar lo más concretamente posible tu modalidad de contrato, las cifras de consumo, etc.
  • Si no tienes las facturas o no encuentras en ellas los datos que te solicitan, no te preocupes. Siempre puedes realizar una estimación basada en datos como el número de residentes de tu hogar, el tipo de electrodomésticos que tenéis, el nivel de aislamiento, etc. El cálculo que obtendrás de esta forma es menos exacto pero puede seguir siendo bastante orientativo.
  • Lee bien la letra pequeña de las opciones que te dan como resultado. Muchos de los precios más baratos tienen su contrapartida: requieren un compromiso de permanencia mínimo, tienen penalizaciones por cancelación, el precio reducido sólo se mantiene durante un periodo de tiempo limitado, etc.
  • No tienes por qué realizar el cambio a través de ninguna de estas páginas de comparativas. Una vez tengas más o menos claro qué compañía te interesa, lo mejor es que te pongas en contacto directamente con ella (por ejemplo, a través de su página web) para evitar posibles comisiones de intermediarios.

Cambiar de compañía

Si después de hacer la prueba has visto que hay alguna opción que te compensa más que la que tienes actualmente y te decides a cambiar de compañía te alegrará saber que el proceso es muy sencillo y nada traumático.

Se parece mucho en realidad a lo que llamamos “hacer una portabilidad” de una línea de teléfono móvil. Sólo tienes que ponerte en contacto con la compañía a la que te quieres cambiar y ellos se encargan de todo lo demás: desde notificar tu baja a la otra compañía a darte de alta en el producto que hayas seleccionado.

Es un proceso, eso sí, que lleva algo de tiempo. Entre pitos y flautas, en torno a un mes desde que notificas tu decisión de cambio hasta que comienzas a recibir facturas con tu nuevo proveedor.

A mitad de camino, cuando así te lo pidan, tendrás que facilitarles las lecturas de los contadores a partir de las cuales comenzará a facturarte tu nueva compañía y que será también la cifra hasta la cual te cobrará la compañía que tenías antes.

Tipos de contrato

Cambies o no de compañía, revisar qué tipo de contrato tienes y conocer qué otras opciones están disponibles también puede significar ahorrar dinero.

Las modalidades más habituales y que casi todas las compañías suelen ofrecer son:

Monthly Cash

La más común, sobre todo en pisos compartidos, pero también la más cara… y la más complicada de gestionar. Con este tipo de contrato, las facturas se pagan una vez recibidas abonando el importe en el banco, post-office, paypoint, etc… en metálico o con tarjeta de crédito. El importe mensual es fijo y se calcula basado en una estimación del consumo anual.

Lo que pagas mes a mes es, por tanto, una media. Esto significa que en los meses de verano (que se usa menos gas y electricidad) estás pagando más de lo que realmente consumes. Luego, esto se compensa con los meses de invierno, donde pasa al contrario: pagas por debajo de lo que consumes en realidad.

A lo largo del año, además de las facturas mensuales fijas, te llegarán también dos statements que sí reflejan el consumo real  cuando han comprobado tus lecturas. Con ellos, verán la diferencia entre la estimación que hicieron a priori y lo realmente consumido y te dirán si les debes dinero o si te lo deben ellos a ti.

Si sale a tu favor, puedes pedir que te abonen la diferencia. Pero cuidado: si esto te pasa en el statement de verano, recuerda que luego en invierno estarás pagando menos de lo que realmente consumes. Así que si retiras ese saldo positivo, cuando llegue el statement de invierno, te dirán que les debes dinero por el consumo que no está cubierto con la cuota fija.

Lo mejor es ni alegrarse demasiado cuando nos dicen que hemos pagado de más (y no retirar el dinero), ni preocuparse demasiado cuando nos dicen que hemos pagado de menos. Si tenemos un saldo negativo en invierno, ya lo iremos cubriendo poco a poco a medida que vaya haciendo menos frío y haya más horas de luz y hagamos menor uso de energía.

Sólo merece la pena pedir que te abonen un saldo positivo si vamos a dejar la vivienda o a cambiarnos de compañía. Lo mismo se aplica, por desgracia, a un saldo negativo. Si tenemos una deuda y cancelamos el contrato por cualquier motivo, deberemos abonarla íntegramente antes de hacerlo.

El mayor problema de este tipo de contrato, aparte de todo lo ya visto, es que, además, estamos pagando un precio por kilovatio sensiblemente mayor que con otras opciones.

Standing Order

Es similar al anterior, con una cantidad fija cada mes basada en una estimación, pero se diferencia en la modalidad de pago. En este caso es por domiciliación bancaria y, al hacerlo así y tener el pago “garantizado”, la compañía nos “premia” con un precio por kilovatio menor que en la opción anterior.

Monthly Direct Debit

También implica domiciliación bancaria y es la opción que suele tener el menor precio por kilovatio de todas las posibles. En este caso, la cantidad no es fija, sino que se paga en función de lo consumido. Eso sí, siempre y cuando nos preocupemos de mandar las lecturas en sus correspondientes fechas por Internet o por teléfono. Si no lo hacemos, también llegarán estimaciones.

Quarterly

Puede ser en metálico o por domiciliación. La diferencia es el periodo de facturación que, en este caso, es cuatro veces al año… osea, trimestral. Nada recomendable a menos que seas lo suficientemente previsor como para estar preparado para el palo que te puede llegar de golpe con el consumo de tres meses todo juntito.

Incluso dentro de una misma modalidad es frecuente que todas las compañías ofrezcan distintas ofertas que tienen asociadas distintos precios por kilovatio. Las diferencias en precio dentro de una misma modalidad no suelen ser sustanciales pero sí que pueden serlo las condiciones del contrato: penalizaciones por cancelación, compromisos de permanencia, etc.

En esto, también se parecen mucho a las operadoras de telefonía móvil españolas y los comerciales que las gestionan tienen los mismos pocos escrúpulos que nuestros paisanos. Así que nuestro consejo, una vez más, es asegurarse de que conocemos la letra pequeña del contrato antes de realizar un cambio y no creerse al pies juntillas lo que la publicidad o un comercial nos cuente.

Suerte y… feliz ahorro! Si lo consigues, ¿por qué no nos lo cuentas en los comentarios? 😉

Sobre el autor

mariamoca

Gaditana de nacimiento, Sevillana de adopción y Edimburguesa de vocación.

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